domingo, 22 de marzo de 2015

Ignacio Urquieta

Ignacio Urquieta, un hombre no más de 30 años, atlético, bien conformado y físicamente atractivo, se encontraba hospitalizado en el psiquiátrico “Nuestra señora de Fuentecilla”, personaje creado por Torcuato Luca de Tena en su obra literaria “Los Renglones Torcidos de Dios”. Este personaje en un comienzo confiesa firmemente estar “loco” y ser el único allí en confesarlo, en torno a él se crea un misterio sobre el mal que lo aqueja y la razón por la cual se encuentra hospitalizado.

Dentro de aquel “museo de horrores” Ignacio era considerado, por él mismo, el más normal socialmente hablando, pero como todos, este tiene su historia, su motivo por el cual está allí, Ignacio me muestra que hasta la persona más común y corriente tiene sus propios demonios internos que la atormentan.

Urquieta dentro del hospital era odiado por muchos, además todos conocían su psicopatología, tenía además, en mi opinión, un ligero sentido de superioridad, siendo este un matemático titulado y topógrafo profesional y su pasatiempo de juventud era la natación, en el cual logro ganar competencias internacionales, la persona quién jamás yo, o alguna persona, creería que tiene una patología psiquiátrica.

Un día soleado, despejado y sin presencia de nubes, día además de visita en el hospital a Ignacio lo fue a visitar su familia, tres personas para ser exactos, estos pasaron al patio para caminar y charlar. El día, para desgracia de Ignacio, paso a volverse nublado y con signos evidentes de comenzar a llover.

“Ignacio comenzó a correr alocado hacia el hospital, bufando, emitiendo gemidos, cubierto el rostro de sudor y perturbados los ojos, como quien huye de un peligro inminente y se le va la vida en alcanzar refugio. Al descender la pendiente del patio, tropezó y cayó aparatosamente rodando varios metros. Más ello no le impidió levantarse de un salto y proseguir su insensata carrera. En ese instante comenzó a llover e Ignacio cayó al suelo como en un ataque epiléptico”...

Este momento para mí fue impactante, me reflejo lo cruda de la vida en momentos felices, en momentos donde creemos que hemos superados las cosas y la realidad te muestra que no, que lo malo aún esta allí y el misterio sobre su diagnóstico es descubierto, cosa que me tuvo en intriga por mucho tiempo y caí en cuenta de muchas cosas; él se ausentaba ciertos días y estos coincidían con los días lluvioso, al momento de comer solo se servía vino o gaseosa y además siempre tomaba el camino más lejos del patio al hospital, pues el camino más corto pasaba por una piscina. Investigué y descubrí que el personaje sufre de un tipo de trastorno de ansiedad, fobia especifica del tipo ambiental, fobia al agua (hidrofobia), al estar en contacto con el objeto fóbico desencadena ansiedad excesiva y el paciente huye del objeto de su fobia, pues este le causa temor.

Torcuato Luca de Tena nos narra, en mi humilde opinión. un personaje atormentado por su pasado, un pasado que este no recuerda, un suceso de su infancia el cual es el origen de su fobia, un trauma de su infancia reprimido en lo más profundo de su subconsciente.

“La fobia es un pretexto que se ha inventado el organismo para ocultar un terror verdadero, justificado, pero que la mente se empeña en ignorar… Ignacio -Algo me ocurrió alguna vez, algo que yo ignoro que está tapado por mi fobia al agua. Sé que mi subconsciente me oculta algo. Mas no se lo dice a los médicos ni me lo dice a mí, el día que lo averigüe estaré curado…”

Aquí me demuestra como Ignacio es consciente de que su fobia es un miedo excesivo e irracional al agua, pero no puede controlarlo y menos puede saber, por voluntad propia, a qué se atribuye o cuál es el trauma o suceso de su infancia que se esconde detrás de su fobia. Seis años hospitalizado y tres años de psicoanálisis con cuatro sesiones por semana no eran suficiente para descubrir el origen del mal que lo aquejaba. Ignacio en este punto me conmueve, pues me demuestra la desesperación, la tristeza e impotencia que le causa el no poder curarse y el penoso suceso que vivió cuando a sus treinta años convulsiono por primera vez al ver un vaso de agua y el hecho de no poder compartir con su familia ni llevar un ritmo de vida normal.

“Ignacio vive en una lucha constante entre su yo verdadero y su falso yo. La fobia oculta con un pánico y una angustia injustificados otra angustia y otro pánico verdadero”.
                                                                                                   
En el capítulo X titulado “El subconsciente y su secreto”, para mi sorpresa, se descubre el misterio, el origen algo remoto de la fobia de Ignacio Urquiera, el trauma escondido por la fobia. El escritor narra la historia, 30 años antes, de dos niños: Chemari (con siete años) e Iñaqui (el más joven con cinco años), dentro de la inocencia de la infancia ocurre un suceso inimaginable, Iñaqui para demostrar una superioridad que no le daba la edad ni el tamaño junto con la inocencia de la niñez, ocurre un hecho trágico, Iñaqui, previamente planeado, dentro de un juego algo subido de tono lanza a Chemari a la piscina para demostrarle que él nada mejor y es campeón juvenil de natación, sin saber que Chemari no sabía nadar y que este llevaba unos patines puestos y lamentablemente este falleció.

Chemari, días después fue descubierto en el fondo de la piscina del club Loreto e Iñaqui quedó espantado al enterarse de eso, pero no lo sintió mucho porque no lo quería, y en mi opinión, como todo niño no le dio importancia, y aquí comenzó todo, al joven le quedó una duda, una duda que repercutió con tanta fuerza que paso ciertas etapas del desarrollo y salió a relucir años después, ¿Lo abre matado yo?, ese joven no era mas que Ignacio Urquieta y este pensó que jamás recordaría el suceso, que se había borrado en el pasado, pero no fue así.

Varios pacientes del hospital, por molestias con Ignacio por su sentido de superioridad, le prepararon una broma algo pesada para una persona enferma, decidieron lanzarlo a la piscina. Las personas tienen el mal juego o la mala broma, víctimas de la ignorancia, de que a las personas fóbicas especificas suelen ponerlas en contacto con el objeto fóbico, porque la reacción de estas les parece graciosa, una mala jugada de personas ignorantes que no comprenden la complejidad del asunto y las consecuencias en los pacientes o personas fóbicas de ser sujeto de estas situaciones incomodas y desagradables.

“Ignacio se agitó como lo haría un individuo lanzado a un lago de hirviente lava antes de perecer”….”Ignacio luego se quitó los zapatos y se puso a nadar lenta, rítmica y sosegadamente”

Opino que se debe tener mucho cuidado con estas situaciones y como personas conocedoras de la materia debemos instruir y educar sobre el trato hacia las personas fóbicas, no ponerlas en contacto, por gracia o diversión, con el objeto fóbico, Ignacio logro salir ileso de la piscina, pero pudo de igual forma volver a convulsionar y lamentablemente ahogarse y perder la vida por una broma, así mismo como él le ocasionó la muerte a un niño por accidente.

Ignacio con esa zambullida tuvo la misma sensación de hace 30 años (un vahído de aire), imagino que “ahora” era “antes”, recordó lo sucedido y esa duda que se formó en su subconsciente hace años tuve respuesta, si fue él quien mato a ese niño y al afrontarlo, recordarlo y admitir lo sucedido fue como logro curarse, quiso vengarse de quienes lo lanzaron al agua, igual que Chemari, pero luego desistió porque no quería que murieran igual que el niño. Ignacio explicó: “Mi naturaleza infantil se defendía del horror de saber que había dado muerte a un compañero de colegio, mi subconsciente se negaba a aceptar la realidad a pesar de que la sabia”

Ignacio explica además por qué 30 años después ese trauma quiso salir a la realidad y se escondió detrás de esa fobia. “ Supongo que el secreto que guardaba era como una planta que extiende sus raíces y que no puede surgir al exterior porque algo se lo impide, al llegar a los 30 años, estuve a punto de recordar la verdad y entonces surgió mi fobia como defensa”.

De forma muy personal, me gusta la forma de narrar de este escritor, la forma en que usa los signos de puntuación, la forma como detalladamente narra y explica los trastornos y, en el caso de este personaje, como surge su fobia, como cada personaje de la historia tiene una patología distinta y te conmueve con su historia, te tumba ese paradigma de “loco” por una persona necesitada de ayuda, tal y como es la realidad, y al terminar el libro tus conocimientos son otros, te nutre de conocimiento literario y te das el privilegio de disfrutar una magnífica obra al mismo tiempo que te brindarte conocimientos acerca de la psiquiatría, libros así, en mi opinión, vale la pena leer y se une, al igual que otros, a mi lista de libros favoritos.

De aquí en adelante, solo vinieron cosas buenas para Ignacio, este logro recuperarse, ser dado de alta del hospital y retomar su vida, volver con su familia y reintegrarse a la sociedad.

Finalmente, el escritor con este personaje, en mi opinión, enseña que hasta las personas más cultas, y se podría decir que sin carencias económicas ni de afecto familiar, puede sufrir una enfermedad mental, se demuestra además el origen polifacético de las enfermedades mentales y como nuestras acciones o los sucesos de los que somos víctimas a diario, pueden repercutir en nuestra vida y crear una fobia para ocultar dicho suceso así como un daño, intencional o no, hacia otras persona.

“Si uno no entiende a otra persona tiende a considerarlo un loco”.

Carl Jung (psiquiatra y psicólogo suizo)